Paseo de compra orgánica

Paseo de compra orgánica

Proponerles abrir el cochecito, sentar al bebé y salir a pasear por el barrio como una terapia alternativa es hacer trampa: ¡es obvio! ¡Es lo primero que hacemos todos todos todos y todos! Es algo fácil de ejecutar, es gratis, de acción rápida y genera endorfinas (ya lo dice mi especialista en bienestar favorita: las endorfinas te hacen feliz, ¡las personas felices no disparan a sus maridos!). ¿Pero qué tal un paseo por el barrio con un propósito que sea más bueno que Lassie? ¿Qué tal una aventura que nos desafíe como personas prácticas y que además disfrute nuestro pequeño retoño? ¡Bien! Me gusta que les gusten los desafíos :D Les voy a contar sobre nuestro ritual casi semanal que tenemos con Jazmín: ir a buscar  el bolsón orgánico a un almacén saludable adorable que queda a 12 cuadras de casa :D

 

Cada vez que el bolsillo me lo permite, compro el bolsón orgánico Mediocampo. Es súper recomendable: los productos son certificados, la atención por WhatsApp es amabilísima (¡Aye sos lo más!), y por lo general el bolsón completo parece una colecta hecha en el Edén, o en la Comarca: ¡hay zapallos cabutia que son cosechas dignas de hobbits! Además ya quedó claro lo que me gusta cocinar (y lo obsesionada que estoy con que Jazmín coma saludable), por eso éste es un lujo que me tomo como una responsabilidad. ¡E ir a buscar el bolsón es parte del show!

 

A nosotras nos conviene ir a buscarlos al almacén natural Abuela Margarita. Queda en Juana Azurduy 2415 (Núñez) y es un lugar encantador. Su dueña Carolina es amorosa, el espacio es acogedor y la variedad de propuestas es muy generosa. Si una quiere portarse bien: ¡este es un buen lugar para empezar! :D Carolina ya nos debe ubicar porque siempre llegamos en cochecito, con colorida y resistente canasta Violraviol y dos bolsas de tela: yo soy la loca que descarga el bolsón ahí mismo así no me lo llevo a casa… ¡me da fiaca olvidármelo para devolverlo a la semana siguiente! Así que imagínense la escena: luego de 12 cuadras caminadas para tranquilizarnos las dos y conectarnos con los pajaritos, la brisa de la calle y los bocinazos de los que doblan mal por la calle Cuba (jajajaj siempre la misma historia),  llegamos hechas dos monjas tibetanas a develar las maravillas del bolsón, sus colores, texturas y sorpresas. Jazmín se queda sentadita bastante calma mientras yo hago el traspaso, y cuando veo que ya registra que sigue atada y se quiere bajar, la sedo con unas hojas frescas de mizuna… ¡el snack de mi hija es una hoja verde con gusto a mostaza! ¡Goooooooool!

 

Cuando paso todo, le dejamos el bolsón a Carolina, la saludamos y volvemos a casa todas contentas. Yo especialmente vuelvo agradeciéndole a la física que mi hija ya pese lo suficiente como para contrarrestar todo lo orgánico que le cargo al gancho del cochecito: nuestro regreso está en perfecto equilibrio, físico y mental :D

 

La fiesta sigue en casa cuando Jazmín me ayuda a vaciar el canasto y las bolsas, y me pasa la cosecha. Bue, me pasa un poco y otro poco lo muerde o se lo lleva al living para comer mejor sin interrupciones de mamá :p Lo bueno de que sea orgánico es que no me vuelvo loca con el “pará que lo peloooo”, solo se lo lavo y seco, y listo. Ella disfruta, se va familiarizando con frutas y verduras, y yo empiezo a armar el plan mental de las comidas que haré en esos primeros días para que se aproveche bien lo comprado. El día del bolsón es un día muy feliz. Y orgánico, ¡ja!

 

¿Quién más por ahí cree que es un gran plan ir a comprar alimentos de estación con sus hijos? Cuenten sus experiencias, ¡hagamos de este post cualquier verdura! :D Gracias por leer y muy buen día a todas :)

Alma Singer | Blog de Vero Mariani

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